En 1969, Charlotte Perriand crea un biombo para la residencia del embajador de Japón en Francia inspirándose en su pasión por Oriente, desarrollada a lo largo de sus viajes, que le permitió descubrir y explorar la riqueza de la artesanía local. Charlotte Perriand, experta en diseñar muebles que respondían a las necesidades del usuario, concibió Paravent Ambassade para ocultar la puerta que conectaba la oficina con el salón de recepción, un espacio que evocaba cierta solemnidad también por la presencia de un gran sofá de siete metros de largo, junto al que se colocó el biombo.
Al no tener suficiente presupuesto para su realización, Perriand diseñó y reutilizó los restos de palisandro macizo que habían sobrado de la producción de sus Tabouret, que hizo cortar en bloques rectangulares para conectarlos con varillas roscadas. El resultado es un rompecabezas de artista, una pequeña arquitectura de 313 pequeños bloques de madera maciza hechos a mano, ensamblados uno por uno, unidos por varillas verticales y espaciados por casquillos. Una obra maestra de dedicación que, gracias a la gran cantidad de pequeños bloques, permite moldear el biombo en diferentes formas y articula su movimiento con una sinuosidad similar a la de una micromalla.